Lübeck y sus secretos

Esta semana escribía en el blog de GoodMoodMag sobre cuatro destinos perfectos para disfrutar del otoño e incluía entre ellos Lübeck que fue uno de los descubrimientos en nuestro último viaje.



Llegamos únicamente sabiendo que era una de las ciudades medievales más bonitas y mejor conservadas de Europa, razón por la que había sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y que el centro de la ciudad estaba en una isla fluvial que no era demasiado grande por lo que era perfecto para dedicarse a pasear. (Sí, hay que preparárselo un poco más, lo sé!!)

Pero lo bueno de ir poco preparados es que todo son descubrimientos, y lo mejor en el caso de Lübeck es que todos fueron para bien.


Cuando llegamos al hotel, nos hicimos con un mapa y pedimos algún consejo en recepción. Me quedé con la idea de que el centro de la ciudad era perfecto para callejear, que el museo de Günter Grass podía resultarnos interesante si queríamos conocer toda su obra un poco más y que no podíamos irnos sin probar el mazapán.

Paseamos y disfrutamos callejeando, nos gustó lo que vimos y nos alegramos de haber incluido Lübeck en nuestra escapada germana.




Visitamos la Casa Museo de Gunter Grass, recomendable para conocer más al autor, y en nuestro caso, para descubrir su faceta artística más allá de la de escritor. La lástima es que el 80% de la información están solamente en alemán y las partes traducidas al ingles son unos escuetos resúmenes. Nos pareció un poco extraño tratándose de un premio Nobel de Literatura, aún así creo que merece la pena visitarla, solo por poder ver esa otra parte de su obra, como la colección de esculturas que esconden los jardines de la casa o parte de la colección de sus ilustraciones y pinturas. 





Como reconozco que no me gusta demasiado el mazapán danés, cuando nos hablaron de el de Lübeck pensé que tampoco sería para mi, me imagine que eso que se dice de gallegos y asturianos primos hermanos, debía ser lo mismo para alemanes y daneses... Pero me equivoque!! Está delicioso!! El domingo nos fuimos a desayunar hasta el Café Niederegger - y podría haberme quedado a comer y cenar allí, porque es un paraíso del dulce y del chocolate.

Via niederegger.de

Y he dejado para el final lo que más me gusto, los callejones y patios escondidos, y aunque no todos estaban abiertos al público por respeto a la privacidad de los vecinos, sólo colarse hasta donde alcanza la vista o el objetivo mereció mucho la pena (debo decir que eché mucho de menos a mis cantábricas...). 
Sinceramente con lo poco preparada que estaba la visita, estoy segura de que se me hubiesen pasado por alto pero sucedió que tuvimos un chivatazo vía Instagram, @isapsicfresica me escribió un privado para decirme que no debía perdermelos, que callejease pero estuviese atenta. 







Y la verdad, últimamente que ando un poco enfadada con Instagram, que tengo días que me dan ganas de tomarme un descanso y otros de empezar de cero, pasan este tipo de cosas, que subo un stories sin desvelar donde estamos y recibo un privado de otra sufridora de los largos y oscuros inviernos del Norte que transforma nuestros planes de callejeo sin rumbo en paseos en busca de pasadizos secretos, y me olvido de lo que ya no me gusta tanto.





Qué tengáis buena semana, aquí parece que después de un finde pasado por agua que nos ha venido estupendo para descansar y recuperarnos completamente, la cosa irá mejorando y volveremos a ver el sol aunque ya tengamos que salir bien abrigados.

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