De otras cosas que leo

Leo, como siempre digo, lo que me gusta.  Leo libros, artículos, posts o hago una lectura encadenada de tweets. 
Lo primerísimo que hago nada más levantarme, incluso a veces antes de tomarme el primer café, es pasarme a ver las portadas de los periódicos y hacer un barrido de las noticias que quiero leer. Lo hago con varios porque, como decía un buen profesor en la facultad, esa es la mejor forma de encontrar, por una parte, el término medio más cercano a la verdad (y esto, ya nos lo decía mucho antes de que surgiese el concepto de posverdad), y por otra, los argumentos para defender nuestra posición cualquiera que fuese.


Luego, a lo largo del día, voy leyendo publicaciones desde mi facebook y me pongo al día con posts de mis blogs de cabecera, dicen que éstos están pasando a la historia del 2.0, que nadie los lee ya, a mi eso me parece un camelo, y en todo caso, me parece que sólo se cumple para un determinado tipo de blogs. 

By Sam Wheeler from Unsplash
Mis divagaciones de hoy son una mezcla de reflexiones y ganas de compartir algunas lecturas interesantes de los últimos días: un post sobre la magia del orden y un artículo sobre redes sociales y padres que levantó algo de polémica entre mis amigas y conocidas.


El post es de Mónica Carpio en el blog de The Singular Olivia y versa sobre la fiebre de la organización que sufrió medio mundo a raiz del libro de Marie Kondo; os invito a que lo leáis, si todavía no lo habéis hecho (el post, no el libro!!). Está lleno de eso que yo llamo "verdades verdaderas" y escrito con mucho sentido del humor (que es uno de los signos de inteligencia que más admiro). 
Sinceramente yo no leí a la Kondo, estuve tentada, muy tentada a comprarme el manual y ponerme a organizar la casa cual loca que lleva el diablo, pero algunos comentarios que leía y decían que la autora invitaba a despedirse de los objetos casi de forma ceremonial, me dejaron claro que aquello no iba conmigo. Me vais a perdonar, pero yo no me veo abrazada a una camisa y derramando lágrimas por mucho tiempo que haya pasado en mi armario.
Mi conclusión, sin que la Kondo cruzase el umbral de mi hogar, fue: si quieres poner la casa patas arriba y ponerte a tirar todo aquello que no necesitas, pon una mudanza en tu vida, ya verás como empiezas a deshacerte de objetos sin necesidad de dramas.

El artículo de la discordia que quería compartir era éste; habla a cerca del sharenting, de la sobreexposición de los hijos en intenet, y claro además de lo que dicen los expertos, hay opiniones, al menos en mi círculo, para todos los gustos. 
Desde quien no usa redes sociales y por tanto ni se plantea que pueda llegar a ser un problema; quien las tiene y está totalmente en contra de compartir imágenes de sus hijos; pero tambien, están quiénes lo ven como algo normal y consideran que con un poco de autocontrol sobre la imagen y el pie de foto, no existe mayor inconveniente.
Yo parto de la base de que cada madre (o padre) es consciente del contenido que decide subir a las redes sociales, y que, a partir de esa consciencia, si pensase que hay algo malo en lo que está haciendo, no lo haría. No voy a negar que mi naturaleza un poco asustadiza, piensa que la sobreexposición puede llegar a ser peligrosa más que por futuros traumas, por el hecho de que esos pequeños pueden ser reconocidos por un desconocido en el supermercado mientras la familia está elegiendo yogures en el super o esperando turno para que les asignen mesa en un restaurante; una situación en la que ese desconcido saludará al niño desde el cariño, incluso a veces sin ponerle cara a ninguno de los pogénitores, sería una situación que preferiría evitar (aunque, es verdad, que no creo que sea una situación que pueda darse con facilidad).


By caleb Woods from Unsplash
Como por el momento no tengo hijos, pienso en mí infancia, durante la cual no había una gran afición a la fotografía en mi casa, lo que a veces me hace echar de menos tener algún recuerdo más. Pero claro, haberlas haylas, y muchas de ellas no son para compartir públicamente por mucho que cuando nos juntemos en "casapadres" a repasar álbumnes nos echemos unas risas entre todos. 
Así que si mi madre, mi padre aún hoy pasa de fotos y de redes sociales, hubiese  tenido en aquel momento la posibilidad de compartir (desde su más profundo amor de madre) alguna de esas imágenes o contar alguna de esas batallitas que aún hoy le gusta contar en petit comitè, seguramente yo pediría un comodín para que se abriese la tierra, me tragase y me escupiese si pudiese ser en las Maldivas, o como mínimo, le dejaría un comentario más del mundo 2.0 estilo #mebajodelavida. 

¿Qué es lo correcto o cuáles deben ser los límites? No lo sé. Lo de acabar traumatizados, igual es un poco llevar el tema al límite, pero quizás merecería la pena pensar más serenamente sobre el uso de las fotos infantiles en las redes sociales.

Y al final, como siempre, todo será echarle a la vida un poco de sentido común: comprar sólo aquello que necesitemos, deshacernos de lo que ya no nos sirva y que además seguro habrá quien pueda aprovecharlo, o compartir aquello que sabemos no tendrá efectos negativos en el futuro de los que más quieres.

Espero no ser la única a la que el contenido de ambos textos le ha parecido interesante.
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