Carta al entendido de las isobaras

No tengo su dirección exacta y ponerme romántica escribiéndole un mensaje en una  botella que podría haber lanzado al Cantábrico no he terminado de verlo suficientemente efectivo, porque, entre otras cosas, con el oleaje, resulta imposible saber con seguridad que iba a llegar a sus manos.



No he podido sin embargo evitarlo. 
Agua, de jueves a lunes, ni un mísero huevo frito, solo nubes y gotas predijo en cada mapa que se colaba en los televisores o en las pantallas del móvil,  pero se equivocó y yo tenía que decírselo aunque fuese en forma epistolar con poca probabilidad de que algún día llegue a leerla.



Estimado señor del tiempo,

He estado pensando mucho en usted en los últimos días, y debo además decirle que no sólo en su persona, también en su madre y en casi todos sus antepasados. He repasado su árbol genealógico en busca de alguna mutación genética que explique el porque de su comportamiento y esa obcecación suya con el norte. 



No creo en la maldad porque sí, así que no alcanzo a entender su animadversión con el "mal tiempo y las lluvias durante los próximos días en el Cantábrico" que parece ser su cantinela favorita a lo largo de todo el año y muy especialmente cuando se acercan fines de semana, puentes y descansos vacacionales varios.

No sé si tiene el gusto de conocer (yo tampoco) o haber oído hablar de una señora que hacía llamarse "la bruja Lola" pero tenga por seguro que si hubiese alguna amistad entre nosotras, un par de velas negras hacía que le pusiese.




Buscando en un motivo que pudiese explicar esa manía persecutoria que usted tiene hacia el norte, he pensado que quizás no tenía planes para estas vacaciones y es de esos que "ni j...n ni dejan j...r", incluso me he imaginado que esa pareja suya, que le rompió el corazón  al abandonarlo y de la que no logra olvidarse, regenta en la actualidad un encantador hotel a la vera del Cantábrico y, que llevado por una inusitada sed de venganza, había decidido llevarla a la ruina haciendo que nadie se acercase a la zona que sólo le falto por declarar en situación catastrófica climatologicamente hablando.

La próxima vez que mi amado esposo se dirija a mi persona preguntándome si volvemos a mudarnos debido al volumen de nuestro equipaje, directamente le remito a su persona. Yo seré la reina de "los por si a caso" pero si usted anuncia lluvias para los próximos días festivos, yo entiendo que no está de más meter katiuskas y chubasquero, aunque finalmente lo que más se necesite sean las gafas de sol.



Lamento informarle que hemos pasado unos fantásticos días junto al Cantábrico, desde San Sebastian hasta la bahía de Arcachon, subiendo a las dunas de Pilat, pasando por Hossengor, disfrutando de Biarritz y San Juan de Luz. 
Hemos recorrido playas salvajes kilométricas y hemos vuelto al coche con montañas de arena en los zapatos, sólo nos ha faltado un poco de valentía para ir más allá de una inmersión de pies. 
Hemos comido bien, muy bien, incluso por encima de nuestras posibilidades, y de haberse usted portado de forma un poco más humana con aquellos que buscamos siempre descanso en nuestro norte, le hubiese mandado una caja de ostras, una buena botella de vino y unos dulces de quitar el sentido.
Hemos disfrutado de atardeceres tremendamente bellos porque quizás usted no lo sepa pero en el Cantábrico el día que amanece gris tiende a compensar con un fantástico juego de luces de despedida.


No pretendo abanderar una rebelión pero si yo fuese hostelero del norte, en esta época de resolución en los tribunales, me buscaba un buen letrado y le pedía indemnización por daños y perjuicios incluyendo cuantificación del lucro cesante.

Atentamente, alguien que disfruto de cielo azul pese a sus previsiones.


P.D. Mire como estaré con lo de ser consciente del cambio, que a pesar de tanta chica con escote y minifalda en la tele, yo sólo puedo imaginármelo con bigote y corbata.
Las postales son de nuestro viaje, para que vea que no le miento cuando digo que se equivoco de cabo a rabo.

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