Lee lo que te gusta - Julio

No sé te han dicho muchas veces eso de "¡cómo te gusta llevar la contraria!". Yo me la he repetido unas cuantas veces este último mes, viendo a la mitad de la población instagramera de vacaciones disfrutando de la lectura y el otro medio hablando de libros que imagino ha leído, está leyendo o piensa leer (espero).
Y entre esas dos mitades estoy yo, julio se me ha escapado entre muchos kilómetros de carretera, unos días de hermanas, baños cantábricos, salas de espera, toma de decisiones, muchas series y pocas lecturas. 



Aquí están mis escasas lecturas de julio:

Una temporada para silbar

Todo comienza con la decisión de Oliver de buscar ayuda para sacar adelante su casa y a sus tres hijos contratando los servicios un ama de llaves. Todo transcurriría en un tono normal sino fuese por que decide responder al peculiar anuncio con el que Rose ofreceía sus servicios "no cocina, pero tampoco muerde". Todo estaba controlado hasta que Oliver y sus hijos van a buscarla a la estación y descubren que ésta no ha viajado sola sino acompañada de su hermano Morris. Si él sólo hubiese estado de paso, si su visita hubiese finalizado al llegar a aquella estación, si no hubiese acabado sustituyendo a la maestra, en ese caso, todo hubiese seguido igual en aquel pequeño pueblo de Montana. 
Es Paul, uno de los hijos del viudo, quien narra la historia dejándose llevar por la nostalgia, recordando aquellos tiempos felices en los que Morris enseñaba a los chicos de la escuela como sólo puede hacerse desde la vocación, aunque ésta haya llegado de forma sorpresiva y un tanto tardía.

Los maestros sólo deberían ser vocacionales, nadie debería entregarse a una profesión tan importante para el futuro sin amarla, sin ser consciente del papel fundamental en la vida de cada uno de los chicos que año tras año pasan por sus aulas. 
Tengo la suerte de poder confiar ciegamente en la sister y en no hacer preguntas cuando ella me dice llévatelo. Gracias, Pauli.



La importancia de no entenderlo todo

Escuché a mi admirada Elvira Lindo hablar de este libro, para el que había escrito su prólogo en uno de esos videos de Facebook que aparecen por un "me gusta" a una página, y tomé nota para cuando me resultase difícil encontrar un libro para una amiga lectora que lee mucho y todo bueno. Una vez hecho el regalo y transcurrido el tiempo oportuno, aproveche estar en posesión de un carnet de socia en su biblioteca particular para traérmelo y disfrutarlo (sin subrayar todo lo que me hubiese gustado por respeto a la propiedad ajena).

Este libro es una recopilación de artículos, reflexiones y entrevistas de Grace Paley, a la que no conocía como cuentista pero de la que me ha fascinado su activismo. 
Estos últimos meses he dicho en varias ocasiones que los libros de Chiamananda Ngozi deberían ser de lectura obligatoria dentro del sistema educativo, si hay alguien al otro lado de la pantalla con responsabilidad y capacidad de decisión que incluya también este libro.
Así de pronto, quizás la guerra de Vietnam, la especulación inmobiliaria en Washintong y Nueva York o el papel sumiso de la mujer en las últimas décadas del siglo pasado puedan hacer pasar este libro más como una reflexión histórica que como lo que realmente representa: la necesidad de seguir luchando contra los mismos males varias décadas después. Aunque Vietnam ahora sea otro país y la guerra se haya desplazado, aunque los tiburones de la especulación se hayan convertido en buitres que buscan siempre donde encontrar carroña, y porque hace casi veinte años Grace Paley ya hablaba del Estado Patriarcal que intentaba siempre empequeñecer el papel y la labor de las mujeres en la sociedad; sólo estas son algunas de las razones por las que leer este libro.

Queda pendiente conocer más a la Grace Paley cuentista, pero imprescindible leer este libro. Gracias Lo.



La teoria King Kong

Leer este ensayo en primera persona de alguien que no parece tener tapujos a la hora de escribir y que lo hace para hablar en femenino sobre la violación, la maternidad, la prostitución o la pornografía, y pensar que poco evolucionamos como sociedad, cuan necesario es alzar la voz y llamar a las cosas por su nombre. 
Hay una primera parte que sobrecoge que comparto con la autora y otra parte de su relato con el que no consigo empatizar pero justo por eso es necesario leer libros como éste, porque resulta mucho más gratificante enfrentarte y buscar argumentos para debatir aunque sea con uno mismo, que limitarse a aquello con lo que estamos totalmente de acuerdo.



Los puentes de Moscú

Es inevitable, compró para él (maridin) sabiendo que a mi también me gustará leerlo y que casi con toda seguridad acabaré haciéndolo antes que él; tal cual.

Reconozco que había dos argumentos de peso para comprarlo; el primero, aquella conversación entre Eduardo Madina y Fermin Muguruza reflejada en una entrevista en Jot Down que recomiendo encarecidamente leer y del que surgió la idea de este libro, y en segundo lugar, porque la novela gráfica es un género literario que empezó hace unos años a gustarme y que escogiendo con criterio, me regala grandes tardes, aunque lo correcto sea hablar de tarde en singular porque no me suelen durar mucho más.
Me gusta que dos personas que probablemente se encuentren en las antípodas ideológicas, se sienten a compartir mesa y a charlar, a intercambiar puntos de vista, a  contraponer experiencias vitales que aportan distintos argumentos; seré una ilusa pero la política debería ser exactamente eso, aunque no esté Alfonso Zapico ilustrándolo.



Crecer era esto

De repente entramos en una de esas librerías impersonales y ella me pasó este libro: "últimamente te da por relatos cortos, y te gusta que las mujeres sean las protagonistas"; me apunté el título y pensé "suena interesante, ya me pasaré a encargárselo a las chicas de Mara Mara".
Efectivamente son pequeños relatos, historias de mujeres importantes porque todas hemos sido o tenemos una amiga que lo ha pasado mal, que ha estado en una  de esas habitaciones blancas donde el sufrimiento te hace pagar "la fe a dos euros" en la maquina expendedora del pasillo, porque ahora se habla mucho de los abuelos, y muchas hemos tenido una abuela que nos lo enseñó casi todo, porque a veces llegan esas rachas en las que todo va mal y cuando parece imposible acaba yendo peor y te acabas colgando una de las medallas del podio de las desgracias, porque vuelve a estar de moda Luis Miguel gracias a Netflix pero muchas crecimos con aquellas sobremesas de Cristal y Luis Alfredo y acabamos canturreando "Eres tú" de Mocedades de tanto que lo escuchamos.
Y también porque yo soy "una hermana de dobladillo", y a mi, me han gustado mucho sus relatos.



No quiero saber que voy a escribir sobre las lecturas de agosto porque sigo en ese punto intermedio del que hablaba al principio. entre muchos kilómetros de carretera, días de hermanas, días con amigos, baños y chaparrones cantábricos, salas de espera, muchas series y pocas lecturas.
Y en septiembre este año, reinicio. 

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