¿Y si necesitaremos protegernos de nosotros mismos?

Presiento que la semana se hará larga hasta que llegué el viernes.
¿Qué pasará si no me pongo al día con todos los emails que se han ido acumulando las últimas semanas como consecuencia de la entrada en vigor de la nueva normativa de protección de datos?
¿Soy la única persona que se arrepiente de darse de alta en más newsletters de las que es capaz de abrir y leer diariamente? Bueno qué digo diariamente, incluso, semanalmente. Sólo consigo ponerme al día cuando los fines de semana vienen grises.

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Voy a intentar verlo como una oportunidad para hacer limpieza y dejar de recibir noticias que ya no me interesan.
Con esta sobredosis de información libremente aceptada, he estado dándole vueltas al tema del contenido que compartimos en redes sociales, y me he dado cuenta que voluntaria e involuntariamente estamos un poco más desprotegidos de lo que pensa y que quizás necesitaríamos alguna medida de autoprotección.

Pensando mediterráneamente

Tengo un problema. 
Tengo ganas de sol y buen tiempo.
Lo repito como un mantra, me canso hasta yo de oírmelo decir.
Miro el calendario, echo un vistazo por la ventana y pongo caras.
Pienso en el Mediterráneo, no en el de los barcos llenos de refugiados, ni en el que baña las cosas de Libia, Tunez o Palestina, pienso en mis rincones favoritos.

Uno de mis rincones favoritos del Mediterráneo

El finde hizo frío, 4 grados a mediados de mayo no debería ser normal, ni siquiera en Siberia (Gasteiz), ¿dónde ha quedado la primavera? Parece que le ha pasado como aquellas revueltas árabes que abrían telediarios y que poco a poco fueron dejando de ser noticia, tenía que llegar el 21 de marzo y a este paso acabara siendo eclipsada por la llegada del verano el 21 de junio.

Lee lo que te gusta - Abril

La verdad es que con todas las posibilidades de descubrir buenos libros a través de recomendaciones es bastante difícil acabar con un libro entre las manos que no te gusté, y en ese caso, como siempre suelo pensar, lo mejor es cerrarlo y dejarlo para otro momento porque a veces no es la historia ni como la han escrito, simplemente es que no es lo que necesitabas o andabas buscando en ese preciso instante.


Eso sí, me mantengo fiel a intentar, aunque no siempre lo consigo, buscar libros que me hagan reír, que al menos me dibujen sonrisas, y no es tarea fácil porque parece ser, o esa es mi sensación, que la inspiración llega y las palabras salen más fácil cuando hay drama, dolor o tragedia de por medio. (Advierto que poco drama, dolor o tragedia necesito yo para llorar cual plañidera, sensibilidad a flor de piel que tiene una).

Perdiendo el miedo a escribir

No he escrito en estos días por una única razón: miedo, el miedo a dejar de ser políticamente correcta. 
El miedo paraliza y yo, una cobarde confesa, he pensado que no debía escribir de lo que realmente me apetecía, ¡cómo si fuese más importante lo que los demás pudiesen pensar que lo que yo necesitaba contar!. 

Llevo unas semanas algo ofuscada con lo que sucede a nuestro alrededor, yo creía que con la edad me haría más pasota e individualista pero siento que justo me pasa lo contrario, que el tiempo me obliga a combatir lo que me parece injusto; ya lo dije hace un par de meses hay que participar del cambio y yo me niego a pensar que la resignación sea la solución.

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