Y no pasa nada.

Los últimos días han pasado tantas cosas que siempre me metía en la cama y apuntaba una idea para escribir, pero la idea de poner el despertador un poco antes para hacerlo no me convencía lo suficiente.

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Este es un post de divagaciones varias e inconexas, un recopilatorio de las ideas que copan las notas de mi móvil, de las consecuencias de la resaca emocional del 8 de marzo, de verdades incómodas, de titulares periodísticos, de redes sociales, de respuestas que decides callar y deberías haber soltado sin que pase nada.

Tengo que desdecirme en parte a uno de mis últimos post: sí sufro del síndrome del inmigrante retornado pero no como esperaba hacerlo o como me habían avisado que sería, porque Vitoria me lo ha puesto fácil y me gusta estar a la distancia precisa de un viaje en coche a casa, pero me entristece que una de las cosas que más compañía me hizo durante mis años vikingos últimamente logra sacarme de mis casillas un día sí y otro también, la última semanita recuperé mi libertad de hablar a la nada, y no pasó nada, por eso no entiendo que quien está a disgusto en lugar de lamentarse no se tome un tiempo o busqué un nuevo lugar, porque no pasa nada.

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El 8 de marzo fuí a la manifestación con un par de compañeras, nos emocionamos juntas, me whatsapeé con mi hermana y mis amigas y volví a emocionarme, hablé con mi madre y seguía emocionada, pensé y sigo pensando que tuvimos suerte de vivir un día histórico.
Yo no siempre he tenido la conciencia de lo necesario que era ser feminista y me arrepiento por ello, pero ahora soy muy consciente de lo importante que es perseguir la igualdad entre hombres y mujeres, y de la necesidad de participar del cambio, quiero hablar de ello y voy a hacerlo en otro post (por eso de no "sobreextenderme") para que sí pase algo.


El domingo pasado España entera se entristeció, llevábamos días siguiendo en las noticias la desaparición y todos esperábamos otro final. 
A mitad de la semana anterior, comentábamos en casa lo fuertes que nos parecían esos padres hablando delante de los micrófonos, nos conmovíamos junto a ellos, lo hacíamos en nuestro sofá. El domingo íbamos en el coche camino de una comida cuando escuchamos la noticia en la radio y se hizo el silencio y hubo nudos en la garganta. 
No entiendo toda esa rabia, esos sentimientos de ira y venganza por parte de desconocidos, no entiendo traspasar los límites, me cuesta encontrar razón a la falta de sentido común también de aquellos que se han manifestado teatralmente consternados, no veo explicación a todas las horas de televisión dedicadas a remover el dolor.

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El jueves contesté mal una pregunta trampa, no edulcoré lo suficiente la realidad y al parecer mi respuesta fue la que se esperaba de una sindicalista. Llevo días pensando que nunca me habría imaginado que alguien me diría algo así. Quizás no era la respuesta adecuada pero yo también podría haber cuestionado la pregunta. También a mi me cuesta valorar el papel de los sindicatos en España, pero en tierras vikingas aprendí el trabajo que realizan, y con lo que nos gusta poner como paradigma a los países escandinavos, no sé porque nadie se ha parado a pensar en cómo hacer que los de aquí se parezcan más a los de allí. Debería haber respondido que quería participar del cambio y ayudar a mejorar, y sobre todo, que mi madre habría estado muy orgullosa de que mi respuesta se calificase como propia de una sindicalista.

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No tengo una sola foto con mi padre que compartir. 
Mi padre es mi padre, es como es, así que mañana lo llamaré para felicitarle y dirá ... 
¡Ah bueno, gracias! Venga, ya nos vemos cuando volváis, te paso a tu madre
Y no escribiré nada más especial, pero que conste, no significa que le quiera menos, de verdad, no pasa nada, porque él lo sabe, y si tuviese que decirle algo, le diría que creo que mi testarudez es un poco suya, que ojalá hubiese aprendido a callarme antes de abrir la boca como muchas veces me ha insinuado cuando me ha mirado, ha girado la cabeza y ha puesto el dedo delante de los labios, y que el año pasado ya le escribí aunque él no lo sepa porque vive ajeno al mundo virtual y no pasa nada.



1 comentario

  1. Me ha encantado el ultimo párrafo, yo si tengo alguna foto con mi padre, tampoco muchas porque ha sido una vida más dedicada al trabajo que a hacernos fotos, pero hay cosas que se saben sin tener que decirlas, y no por decirlas se hacen mas reales, Mi aita tambien es asi, pero es de los que cuelgan, osea que lo de te paso con tu madre, a veces no ocurre. Tecnologias modernas.

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