Lee lo que te gusta - Julio

No sé te han dicho muchas veces eso de "¡cómo te gusta llevar la contraria!". Yo me la he repetido unas cuantas veces este último mes, viendo a la mitad de la población instagramera de vacaciones disfrutando de la lectura y el otro medio hablando de libros que imagino ha leído, está leyendo o piensa leer (espero).
Y entre esas dos mitades estoy yo, julio se me ha escapado entre muchos kilómetros de carretera, unos días de hermanas, baños cantábricos, salas de espera, toma de decisiones, muchas series y pocas lecturas. 



Política de likes

Politicamente incorrecta

Tengo mucho tiempo libre más de el que quisiera, mi vida no se reduce a lo que pasa en mi  móvil. 
Intento estar activa, me apunto a cursos que pueden aportar algo a mi CV, hacerme mejorar en algún hobby o simplemente socializar, leo, escribo, Netflix me hace compañía todos los días y Spotify va conmigo a caminar o pone música cuando estoy poniendo orden en casa*, además tengo familia y amigos con los que me gusta hacer planes.
También voy a entrevistas de trabajo, por el momento sin resultado positivo; hace dos o tres semanas, hice LA entrevista, esa en la que piensas que realmente tienes opciones y que es exactamente lo que estabas buscando, una semana de espera de absoluta felicidad; al final no fui la elegida, pero ¡qué feliz estuve durante siete días!.
Cuento todo esto para ponerte en situación, no seré yo quien diga que no me da la vida, esto ya lo he comentado antes, sí, efectivamente aquí.
Esto es una de mis "divagaintroducciones" a un post sobre... ¡¡Mi fuente de divagaciones favorita!!


Lee lo que te gusta - Junio

Traigo seis títulos, lo que sucede es que algunos se pueden leer casi de una sentada, así que pueden parecer muchos pero en realidad son pocos, ya se sabe que las apariencias muchas veces engañan.



Antes de pasar a los títulos de junio, no puedo atarme las manos y no escribir expresamente sobre una publicidad que me dejó noqueada.
"Lee lo que quieras. Miles de audiolibros para escuchar a tu manera." 
No sé si os sonará de algo, personalmente me pareció un despropósito. 
No es que rechace la existencia de los audiolibros, creo que es una magnífica forma de hacer llegar historias a muchas personas para las que por diversos motivos esa puede ser una solución fantástica, yo misma los he utilizado para, por ejemplo, practicar un idioma. 
Lo que me ofende de la campaña es que hablen de leer. Puedes escuchar un libro y podrá hacerte sentir muchísimas sensaciones pero no estarás leyendo sino escuchando, y es una diferencia importante porque no es lo mismo ver que oír, ni tocar que escuchar. 
Y sí, me ofende la campaña tal y como está planteada, y entiendo que hay personas para las que quizás sea una solución mientras cocinan, recogen la casa, hacen ejercicio o se dan un baño relajante, pero lo siento, no están leyendo. 
Ya, el momento en que determinados perfiles que llegan a un gran número de personas, promueven la idea de que escuchar un libro es lo mismo que leerlo...

Tenemos una memoria frágil

La semana pasada hice un paréntesis de menos de 24 horas en Madrid y pasé calor incluso a la sombra, está claro que el verano está más cerca, según el calendario ya sólo nos quedan un par de días, el viaje me fue útil, también para recordar lo bien que me encuentro entorno a los "ventipocos" grados. Al final, resulta evidente que yo no necesitaba que llegase el calor, lo que realmente necesito son más días de sol.

Aproveché que se había ampliado el plazo para ver la exposición de Auschwitz en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, quería haberla visto en enero y no lo conseguí, así que fue la señal perfecta para decidirme a bajar. 
Aprovechando la cercanía también visité la exposición del fotógrafo Cecil Beaton en el Canal de Isabel II; tenía razón @gratistotalisima está muy mal iluminada y se podría haber hecho una muestra mucho mejor con todos esos retratos.
Cuando quise darme cuenta era tarde y me quede sin poder ir a escuchar a Laura Ferrero, uno de los descubrimientos literarios de los últimos meses.



Madrid siempre me deja a medias, siempre me ofrece más de lo que puedo hacer, pero eso hace que siempre me de motivos para volver.

Aquí, como mínimo, somos todos entrenadores

A mi me gusta el fútbol, y he tenido un pasado futbolero de esos de ir al estadio a animar al Real Oviedo, he empezado a ver con maridin un clásico en el sofá y hemos terminado viéndolo en diferentes habitaciones (a ver si el Alavés por fin nos une), me he puesto la camiseta de la selección para ver el partido y he visto los penaltis de la final en diferido porque me podían los nervios. 
Yo me he tragado con mi padre etapas y etapas de la Vuelta, el Tour y el Giro en la que aprovechábamos para repasar geografía. He ido a ver a Gorospe subir el Naranco, no sólo sabia que significa llevar el maillot amarillo o la maglia rosa, es que sabía quien iba a ganar el rey de la montaña por aquel maillot aflamencado.
Me sentaba con mi abuela a ver la gimnasia rítmica y soñaba con poder hacer algo de aquello (¡yo que estaba exenta de la mitad de los ejercicios en la clase de educación física!), si llegamos a pillar el boom de la sincronizada... ¡vaya juego nos hubiese dado a nosotras que éramos las mejores saltando juntas las olas!.  

Esta soy yo, la misma a la que le encanta leer, ponerse a escribir, ir al teatro o al cine. 



Somos un país de futboleros, plagado de entrenadores de sofá y deportistas de salón,  sabemos porque no entró esa canasta, la dirección que tenía que haber llevado el golpe para que entrase en el hoyo, la fuerza con la que se debía haber devuelto aquel revés y no tenemos equipo de curling para los juegos de invierno porque no nos lo hemos propuesto. 

Somos todo eso y mucho más, pero hay cosas que podríamos intentar cambiar.

Lee lo que te gusta - Mayo

El mes de mayo alejo el verano, ese que tanto estamos esperando y nos recordó que la primavera dura hasta el 21 de junio, vino además cargado de lluvia y más días grises de los que desearíamos.
Como no hay mal que por bien no venga, nada hay mejor que un cielo triste para propiciar grandes momentos de lectura.



Estos fueron los libros que me acompañaron durante el último mes...


El peligro de la historia única, Chimamanda Ngozi Adichie

Lo leí después de haber visto varias veces la inspiradora charla TED, necesitaba tenerlo en casa, para poder releerlo cuando sea necesario porque como todo lo que he leído de esta autora, es un imprescindible. 

Me mantengo en aquello que dije al recomendar "Todos deberíamos ser feministas" y "Querida Ljeawele Como educar en el feminismo", deberían ser lecturas obligatorias en los centros educativos,  son libros necesarios y además propicios para crear debate. 
Nos hablaba la escritora en aquella charla sobre los peligros de reducirlo todo a una única historia y de lo necesario que resulta hacerlo desde distintos puntos de vista. 
Nos contaba Chiamamanda Ngozi que cuando empezó a escribir en su Nigeria natal lo hacia contando historias de niños blancos y ojos azules que jugaban en la nieve, escribía así porque imitaba todo aquello que ella leía, que no era más que literatura europea.
Por eso es necesario atender a no quedarnos en el relato único, en los estereotipos incompletos. Por eso no puedo evitar recordar aquel profesor de la facultad que nos animaba a leer la misma noticia en distintos periódicos y al que por enseñanzas como aquella siempre me sentiré agradecida.






Los pacientes del doctor Garcia, Almudena Grandes


El último de los libros publicados de la serie Episodios de una Guerra Interminable, y yo llegué a él casi de casualidad sin haber leído ninguno de los anteriores. Resulta que no me sentía nada atraída por meterme en esta serie, estaba llena de prejuicios de esos que todos arrastramos, pocas ganas de leer sobre la guerra civil, los años de postguerra, la dictadura...
Debo decir, no obstante, que a mi Almudena (así en confianza, esa que te da haber compartido con ella un par de minutos como el resto de personas que han hecho cola esperando por una firma) me encanta como columnista, algunos de sus libros ajenos a esta serie me han encantado y que cada vez que recomienda libros en las entrevistas acaban convirtiéndose en un acierto para mis lecturas; ella me descubrió entre otros Mejor la ausencia de Edurne Portelas, uno de mis favoritos del año pasado.
Así que me acerque a la presentación en Vitoria de este libro, principalmente con el objetivo de escucharla en directo. Allí casi empezó contándonos Almudena que sus libros siempre empiezan a partir de una imagen, lo dijo aquella tarde en el Palacio Villa Suso y lo escribía en uno de sus últimos artículos en El País. 
Los pacientes del Doctor García empezaron con una foto de Clarita Stauffer, una mujer pionera en el deporte femenino español afín al régimen nazi, que desde España ayudo en la huida hacia Sudamerica a muchos de esos monstruos, una mujer que habiendo disfrutado de una gran libertad decidió colaborar en limitar la del resto de mujeres de la época.
Escuchando a Almudena todo el trabajo que desarrolla hasta ponerse a escribir la novela, toda esa libreta en la que va dibujando personajes, desarrollando la historia, hilando realidad y ficción, imposible no olvidarse de los prejuicios y ponerse a leer este thriller lleno de maravillosos diálogos, porque pensaba yo que estos Episodios de una Guerra Interminable serían de esos libros en que pasas paginas con descripciones interminables y que solo acaban por aburrirme, pero ¡qué equivocada estaba!, con esta novela el aburrimiento es imposible.
Verás que hay quien la define como una novela de espías, como un thriller, como la más internacional de las obras de sus obras, yo te diría que tuvieses muy presente que es además una historia sobre la amistad y la lealtad. 



La uruguaya, Pedro Mairal


A veces sólo necesitamos encontrar la excusa para intentar escaparnos de nuestra propia realidad, el problema es que muchas de esas veces la nueva realidad no es exactamente como nos la habíamos imaginado. Y esto es básicamente lo que le sucede a Lucas Pereyra, protagonista y voz narradora de este libro.
Nunca hubiese imaginado que con una historia, la de un escritor argentino cuarentón en plena crisis, podría por momentos llegar a divertirme, pero imagino que a veces no es tanto el reflejo de determinadas situaciones como la distancia de ver la tragicomedia ajena, y porque Mairal consigue que seas capaz de ponerle cara a Lucas y Magali. 
En fin, que a veces la literatura nos sorprende y está bien que nos dejemos sorprender.





Contra todo, Manuel Rivas

Ya confesé en su momento, cuando me acerqué a mi librería favorita, Mara-mara, a celebrar el día del libro que había comprado un regalo trampa porque sabía que le encantaría al destinatario pero estaba segura de que acabaría leyéndolo yo antes, como así ha sido finalmente.
Rivas es un tipo tan inteligente, con una enorme capacidad para analizar la actualidad, a veces haciendo uso de ese humor que nunca sabes si es eso que llaman retranca gallega, que cuando le escuché decir que un profesor en la facultad de Ciencias de la Información, le espetó que "el trabajo que había entregado no era periodismo, era literatura" no pude evitar pensar en que no hay más ciego que el que no quiere ver.
Es un ensayo político mucho más ameno que algunas novelas que he intentado leer, será porque me gusta la política y seguir la actualidad no lo voy a negar.
Es un libro de esos que pueden ir leyéndose en pequeñas dosis o que te engancha y no puedes dejarlo hasta terminar.
Es un libro necesario para analizar la realidad, desde, como el autor ha dicho, la vergüenza ante la realidad que nos rodea pero no es un libro de desesperanza, es un libro lleno de valgalumes*, de esos que van escaseando pero antes llenaban los caminos para iluminarlos. 
*Luciérnagas; que tendrá el gallego que lo siento siempre dulce.




El lápiz del carpintero, Manuel Rivas


Autoinvitarse, colarse en un club de lectura que celebra junto al autor los 20 años de un libro es un buen motivo para acumular kilómetros, aunque pocos son los que necesito para acercarme hasta A Coruña.
Esa tarde, en ese rato que pasamos escuchando a Rivas, nos enseño aquel lápiz de carpintero del taller familiar que acabo dando titulo a este libro, ese lápiz que no es más que la conciencia que acompaña a un verdugo, a uno de los malos.
Tres horas lleva la lectura, lo sé porque empece a leerlo al salir de la estación de autobuses de Oviedo y poco antes de llegar a destino ya lo había terminado. 
No soy objetiva con Rivas, así que ¿qué te puedo decir? Deberías leerlo, igual que te dije que deberías hacer con ¿Qué me quieres amor? 
Y si tienes la posibilidad de poder escucharle para hablar de libros, de actualidad, de la vida, no pierdas la ocasión. Y si además puedes, haz cola y espera a llevarte además su firma porque no he conocido a ningún otros escritor que se dedique así a sus lectores.



Los Grope, Ton Sharpe

Os voy a decir algo, esta obcecación mía por alejarme de los dramas no es nada fácil. Estaba convencida que era porque a la mayoría de los autores les resultaba más sencillo escribir sobre tragedias, pero me he dado cuenta que es difícil encontrar libros que te hagan sonreír porque el humor es más personal que el dolor que al fin y al cabo es mucho más universal.
Así que diré que este libro no me ha robado carcajadas pero me ha entretenido y seguramente en muchas ocasiones me ha hecho sonreír mientras movía la cabeza y pensaba "¡qué personajes!".
Una longeva estirpe que nace del ¿amor? entre una criada y un vikingo desertor, una historia de mujeres que deciden y gobiernan sus feudos con independencia de los cambios históricos que se suceden, a los que se van amoldando a su manera, hasta llegar a Belinda Grope, casada con Albert un mafioso de tres al cuarto que vende coches robados y regenta un matadero self-service, hermano de Vera una mujer empeñada en vivir como lo hacen las protagonistas de sus novelas rosas, casada con Horace un banquero que al verse reflejado en su hijo Esmond intenta acabar con él. Podría parecer que he destripado el argumento pero puedo prometer que esto no es más que la primera parte del libro, momento a partir del cual todo se vuelve una sucesión de locos y absurdos acontecimientos.
Sólo se me ocurre decir, Monty Python en papel.



Y hoy para acabar, sólo un consejo, no reniegues del ebook, siempre te permite llevar un libro contigo. Aunque al salir de casa sólo te de tiempo a coger el móvil y las llaves, ya sabes que nunca estarás solo, por ponerle una pega... el tacto de las hojas y las notas a mano, son irremplazables, la historia, el argumento, no cambia.





El chachachá del tren



Cada vez me da más miedo volar,no es nada nuevo, ya lo he dicho antes.
Creía que podría hacer kilómetros y kilómetros en coche, pero ahora que no siempre son por placer los 350 que nos separan del paraíso a veces se me hacen muy largos. 
Sin duda, mi medio de transporte favorito es el tren, y eso que Renfe no lo pone fácil.

Asiento 4A  - Coche 8

La sensación de atravesar la cordillera Cantábrica disfrutando del paisaje es fantástica pero continuaría siéndolo a velocidad del siglo XXI; hay un viaje hasta León y otro después.
Ahora que incluso en algunos aviones tenemos acceso a WIFI, es increíble que en el tren sufras su carencia además de la falta de cobertura. Durante esos kilómetros entre montañas, el móvil se vuelve loco buscando red y cuando te das cuenta tienes sólo un 10% de batería y todavía unas cuantas horas de viaje por delante; puedes ir leyendo pero sin garantía de escuchar música para silenciar conversaciones ajenas. Así que el hecho de que sólo puedas enchufar el teléfono en los baños y que muchas veces éstos ni siquiera funcionen, saca de quicio al más paciente.
A pesar de todo, aún muchos seguimos empeñados en viajar en tren.

¿Y si necesitaremos protegernos de nosotros mismos?

Presiento que la semana se hará larga hasta que llegué el viernes.
¿Qué pasará si no me pongo al día con todos los emails que se han ido acumulando las últimas semanas como consecuencia de la entrada en vigor de la nueva normativa de protección de datos?
¿Soy la única persona que se arrepiente de darse de alta en más newsletters de las que es capaz de abrir y leer diariamente? Bueno qué digo diariamente, incluso, semanalmente. Sólo consigo ponerme al día cuando los fines de semana vienen grises.

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Voy a intentar verlo como una oportunidad para hacer limpieza y dejar de recibir noticias que ya no me interesan.
Con esta sobredosis de información libremente aceptada, he estado dándole vueltas al tema del contenido que compartimos en redes sociales, y me he dado cuenta que voluntaria e involuntariamente estamos un poco más desprotegidos de lo que pensa y que quizás necesitaríamos alguna medida de autoprotección.

Pensando mediterráneamente

Tengo un problema. 
Tengo ganas de sol y buen tiempo.
Lo repito como un mantra, me canso hasta yo de oírmelo decir.
Miro el calendario, echo un vistazo por la ventana y pongo caras.
Pienso en el Mediterráneo, no en el de los barcos llenos de refugiados, ni en el que baña las cosas de Libia, Tunez o Palestina, pienso en mis rincones favoritos.

Uno de mis rincones favoritos del Mediterráneo

El finde hizo frío, 4 grados a mediados de mayo no debería ser normal, ni siquiera en Siberia (Gasteiz), ¿dónde ha quedado la primavera? Parece que le ha pasado como aquellas revueltas árabes que abrían telediarios y que poco a poco fueron dejando de ser noticia, tenía que llegar el 21 de marzo y a este paso acabara siendo eclipsada por la llegada del verano el 21 de junio.

Lee lo que te gusta - Abril

La verdad es que con todas las posibilidades de descubrir buenos libros a través de recomendaciones es bastante difícil acabar con un libro entre las manos que no te gusté, y en ese caso, como siempre suelo pensar, lo mejor es cerrarlo y dejarlo para otro momento porque a veces no es la historia ni como la han escrito, simplemente es que no es lo que necesitabas o andabas buscando en ese preciso instante.


Eso sí, me mantengo fiel a intentar, aunque no siempre lo consigo, buscar libros que me hagan reír, que al menos me dibujen sonrisas, y no es tarea fácil porque parece ser, o esa es mi sensación, que la inspiración llega y las palabras salen más fácil cuando hay drama, dolor o tragedia de por medio. (Advierto que poco drama, dolor o tragedia necesito yo para llorar cual plañidera, sensibilidad a flor de piel que tiene una).

Perdiendo el miedo a escribir

No he escrito en estos días por una única razón: miedo, el miedo a dejar de ser políticamente correcta. 
El miedo paraliza y yo, una cobarde confesa, he pensado que no debía escribir de lo que realmente me apetecía, ¡cómo si fuese más importante lo que los demás pudiesen pensar que lo que yo necesitaba contar!. 

Llevo unas semanas algo ofuscada con lo que sucede a nuestro alrededor, yo creía que con la edad me haría más pasota e individualista pero siento que justo me pasa lo contrario, que el tiempo me obliga a combatir lo que me parece injusto; ya lo dije hace un par de meses hay que participar del cambio y yo me niego a pensar que la resignación sea la solución.


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Pasar ganas sin pasar hambre

Siempre llega un momento, bueno varios, en que la vida te pone en tu sitio si antes no lo ha hecho el espejo porque te has estado mirando con los mismos ojos que te miraba tu abuela, y si tampoco lo consiguió la bascula a la que por supuesto no hacías caso porque eras una chica de letras a la que los números no le atraían en absoluto. 

En mi vida ese momento llegó hace casi un par de meses, así que he pensado compartirlo por puro desahogo
Mi blog, mis historias, mis divagaciones, mis desahogos.

Mercado Da Ribera Lisboa
Yo hubiese dicho que estoy a dieta, bajo la supervisión de una nutricionista. 
Ella, mi domadora, como la denominaría Lo, diría que estoy aprendiendo a comer bien. 
Y hambre no paso, pero ganas…. Los primeros días si no soñaba con dejarme llevar en los pasillos ahora prohibidos del super, debió faltar poco.

Lee lo que te gusta - Marzo

Una de las primeras cosas que hice cuando empezó el año fue, calendario en mano,  ponerme a ver cuando había puentes, que puede parecer una tontería pero recuperar los fines de semana largos y de forma repartida a lo largo del año está en mi lista de cosas top de haber abandonado tierras vikingas.


Probablemente pensarás que qué tiene que ver esto de los puentes con la lista de los libros del mes de marzo, pues muchísimo.
Para empezar la semana santa en Euskadi implica cinco días festivos y eso por mucho turisteo que hagas te deja más tiempo para dedicarle a la lectura; ya veréis como abril, con el mismo número de días no me cunde tanto.


Hay lecturas para casi todos los gustos, eso sí, sin dramas, que todavía no tengo el cuerpo.

Carta al entendido de las isobaras

No tengo su dirección exacta y ponerme romántica escribiéndole un mensaje en una  botella que podría haber lanzado al Cantábrico no he terminado de verlo suficientemente efectivo, porque, entre otras cosas, con el oleaje, resulta imposible saber con seguridad que iba a llegar a sus manos.



No he podido sin embargo evitarlo. 
Agua, de jueves a lunes, ni un mísero huevo frito, solo nubes y gotas predijo en cada mapa que se colaba en los televisores o en las pantallas del móvil,  pero se equivocó y yo tenía que decírselo aunque fuese en forma epistolar con poca probabilidad de que algún día llegue a leerla.

Participar del cambio conscientemente

Como escribía en el último post participar en la manifestación del 8 de marzo ha sido un revulsivo que me ha servido para tomar más consciencia de un problema al que durante un tiempo no había prestado demasiada atención, y ya iba siendo hora.


Me he dado cuenta de la necesidad de participar del cambio desde las propias aptitudes,  desde la consciencia de lo que sucede a nuestro alrededor, echándole sentido común a la vida que parece que es lo que nos sigue faltando y siendo capaces de ponernos en el lugar del otro para alcanzar a ver otras perspectivas.
A veces no se reacciona a tiempo, al menos eso me suele pasar a mi, que siempre estoy dándole vueltas a lo que podría haber dicho o hecho, pero no dije o hice, a veces por vergüenza, por timidez o por miedo. 
Así que decidí ir apuntando situaciones en primera persona de esas que igual ya tenía tan interiorizadas que ni cuenta me daba y así poder analizarlas desde esa consciencia que me dejo la resaca emocional del que sigo pensando fue un día histórico. 

Y no pasa nada.

Los últimos días han pasado tantas cosas que siempre me metía en la cama y apuntaba una idea para escribir, pero la idea de poner el despertador un poco antes para hacerlo no me convencía lo suficiente.

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Este es un post de divagaciones varias e inconexas, un recopilatorio de las ideas que copan las notas de mi móvil, de las consecuencias de la resaca emocional del 8 de marzo, de verdades incómodas, de titulares periodísticos, de redes sociales, de respuestas que decides callar y deberías haber soltado sin que pase nada.

Lee lo que te gusta - Febrero

Aquí van mis últimas lecturas, sigo tal como estaba hace un mes teniendo menos tiempo disponible del que me gustaría, y para colmo, me he entrado la necesidad de alejarme por un tiempo de los dramas, que ya tengo suficiente con los que me monto yo en la cabeza; con una mejor gestión del tiempo, siguiente objetivo: apuntarme a clases de teatro.



Total, que necesito lecturas que me saquen sonrisas pero no estoy preparada para dar un salto al vacío de la comedia romántica, yo lo que necesitaría es que saliese a la luz el nuevo libro de Javier Aznar, que David Trueba anunciase que está a punto de finalizar una nueva novela o que hiciera lo propio Elvira Lindo, por citar algunos ejemplos.

El síndrome de Gardel

En esto despertó el divino Odiseo acostado en su tierra patria,
pero no la reconoció pues llevaba mucho tiempo ausente…
Homero



Vivimos uno de esos momentos en los que hay teorías varias, estudios de Universidades que nadie conoce y síndromes con reconocimiento y base empírica que intentan dar una explicación más o menos verídica, a todo lo que sucede.

Hace unos meses, aún no me creo que ya haya pasado tanto tiempo, alguien me dijo que debía prepararme para lo que iba a suceder, que superada la alegría por dejar tierras vikingas y las primeras semanas de aterrizaje era muy probable que empezase a sentir "el síndrome del emigrante retornado”.

La verdad es que no sabía de que iba, hasta el momento en que llegó aquella llamada no me había interesado mucho pararme a pensar en el tema, no fuese que de sólo pensarlo me fuese a hacer daño, o porque simplemente me parecía ciencia ficción que se pudiese llegar a materializar la idea de retornar.

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Así que me pusé a investigar (bueno, vale, a leer artículos en Google) sobre el tema. 
Básicamente este síndrome explica lo que le sucede a aquellas personas que al regresar no encuentran la sensación de hogar que esperaban y contrariamente les resulta mucho más difícil de lo que pensaban el regreso a esa cultura y esa vida que tanto añoraban lejos.

Voy a compartir un poco mi experiencia, lo aclaro ya para evitar pérdidas de tiempo en cosas sin interés.

Lee lo que te gusta - Enero

No estoy leyendo todo lo que me gustaría, me ha dado por apuntarme a varios cursos y estoy volviendo a empezar más en serio, organizando ya no lo que quiero ser de mayor, sino lo que puedo ser a estas alturas. 
Lo mejor es volver a tener horarios, lo peor es tener menos tiempo libre e intentar no renunciar a cosas que te hacen feliz, como por ejemplo la lectura.



De mi mes de enero estas son mis mejores recomendaciones.


Crisis virtual

Cuando tienes gente a tu alrededor que vive alejada de redes, te plantea interrogantes y tú te pones a darle vueltas, y a veces entras en crisis. 
Si esas personas son tus amigos y ese tú soy yo...

Sí, estoy en crisis con las pantallas, con mucho de lo que veo, de lo que leo, y soy consciente que esta situación también podría formar parte de ese síndrome del inmigrante retornado del que hablan (permíteme que esto lo deje para otro día porque si no, volvemos a las andadas y esto se hace "más largo que un día sin pan" -frase de abuela, I know-).